//Dos mujeres emprendedoras que protegen el Bosque de los mil colores

Dos mujeres emprendedoras que protegen el Bosque de los mil colores

A pocos kilómetros del municipio de Aipe, Huila, vive Liliana Andrade en un predio de sesenta hectáreas en donde se encuentra el “Sendero Chicalá”, un recorrido en busca de los secretos del bosque seco tropical.

La señora Liliana creció en la parte alta de los alrededores de Aipe, en una familia cafetera de cinco hermanos. Una vez terminó el colegio estudió en el Sena producción pecuaria y luego se fue a Bogotá a estudiar mercadeo, publicidad y eventos. Estando allá conoció a su esposo, también del Huila, y hace ocho años decidieron regresar al campo a vivir de la ganadería.

En febrero del año pasado, Liliana se involucró en el Proyecto de Bosque Seco implementado por el Programa de las naciones Unidas para el Desarrollo en Colombia (PNUD), en seis polígonos del país. Este Proyecto lleva dos años trabajando en el país por la conservación del Bosque seco tropical, con la ayuda de las personas que habitan este ecosistema en peligro de extinción.

Liliana asistió a las primeras reuniones en donde se socializaron los objetivos del Proyecto, financiado por el Fondo mundial para el Medio Ambiente, y participó en una gira que llevó a alrededor de veinticinco personas a Dagua, en el Valle del Cauca, para conocer de primera mano algunas reservas de la sociedad civil que están muy bien organizadas.

Según ella, esta salida fue muy importante porque la motivó a trabajar en la protección y la recuperación del bosque que la ha rodeado casi toda su vida.

“Estamos aprendiendo a convivir con la naturaleza y el ecosistema, a rescatar árboles, a sembrar, a rescatar semillas… ¡Ya tenemos semillas nativas que plantamos en un vivero en nuestra finca!”.

Y es que al principio, cuando llegaron a la finca La María, cuenta la señora Liliana que su esposo taló el bosque que había para hacer cinco potreros y tener mucho pasto. Los primeros seis años tuvieron un promedio de cuarenta vacas y vivieron cómodamente de la producción de leche. No obstante, hace casi dos años, al esposo de Liliana le tocó sacar la mitad de sus reses del predio, ya que los pastos se secaron por la prolongación del fenómeno del niño.

“¡Eso siempre fue una controversia! Yo decía que las vacas podían vivir dentro del bosque, pero como él era el que manejaba eso, pues lo dejé”.

Y es que según ella, ahora llueve muy poco para lo que estaban acostumbrados. Llueve para refrescar y ya. Los nacederos, los árboles y los potreros se han secado y hay fincas a las que no les llega agua.

“No tenemos agua, no tenemos comida. Entonces no veo la lógica de volver a talar y volver a transformar esto en potreros. La mejor alternativa es recuperar para poder tener comida y agua y no suelos en estado de desertificación como los que tenemos ahora”.

Con el apoyo del proyecto, el 22 de abril de este año se abrieron las puertas del sendero ecológico por el Bosque seco tropical conocido como el “Sendero Chicalá”, ubicado en el predio de Liliana. Según ella, la idea del sendero es tener una alternativa económica diferente a la ganadería. Generar recursos a través de la conservación y poder vivir con la naturaleza y no de ella.

El recorrido por el bosque seco tropical se construyó en comunidad con la mano de la obra de la gente de la vereda y el grupo comunitario de Aipe y Biocomercio, en el marco del Proyecto, proporcionó el dinero para las escalinatas y los pasamanos.

Su amiga Dora Luz Rivera es una de los tres guías locales que capacitó Biocomercio para hacer el recorrido en donde se le explica a las personas todo sobre este ecosistema seco y se descubren algunos de sus secretos, como petroglifos y fósiles incrustados en piedras a la orilla de la quebrada Bambucá.

Dora nació en Aipe y luego se fue a vivir al Caquetá. Sin embargo, cuando enfermó su abuela, hace seis años decidió regresar a la tierra que la vio nacer y se estableció en el campo con su madre y su hija de trece años.

Ella y otros habitantes de los alrededores de Aipe recibieron, en el marco del proyecto, diez colmenas, dos overoles con caretas, una centrifuga compartida, y otros insumos como mallas y palas. Con esta ayuda, ella y su familia ahora tienen una alternativa económica más, además de su trabajo como guía turística del Bosque seco tropical y la venta de huevos de los gansos que tiene en su predio.

Según ella,

“El objetivo del Proyecto es buscar que las comunidades ayuden a cuidar el Bosque como tal y que la gente conozca y aprenda que el bosque le da unos privilegios y por ende lo debe cuidar porque es su casa, su ecosistema y su forma de subsistencia”.

Además, dice que del Proyecto le ha gustado “la forma de promocionar, divulgar y enseñar a las comunidades cómo restaurar, cómo cuidar y cómo ver este ecosistema desde otra perspectiva, pues hay que modificar la forma en que se ha venido trabajando la producción”.

Se espera que un futuro cercano el “Sendero Chicalá” reciba a grupos de estudiantes de Nieva y todo el país para así educar a las personas sobre la importancia de conservar el Bosque seco tropical, el Bosque de los mil colores, pues como bien lo dice Dora, “cuidar el bosque es muy importante porque de ahí depende la vida para todo ser humano y de todo ser vivo”.

By | 2018-01-18T03:03:10+00:00 Enero 18th, 2018|Historias que conectan|0 Comments

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