//Los Santos del Bosque seco

Los Santos del Bosque seco

A mí me gusta mucho sembrar… Si a mí me dicen que hay que reforestar yo digo: ¡Bueno listo! Porque eso es lo que necesitamos en nuestras cuencas y en nuestros nacederos de agua para no dejar que se nos sequen

Hace dieciséis años, Santos Briñez llegó a la vereda de Yaví con la ilusión de quedarse. Primero le pidió a una vecina ganadera que tenía alrededor de 226 hectáreas que le vendiera una. La señora le dijo que si vendía lo vendía todo. Entonces Santos le preguntó a otro vecino, que aunque tenía solo 18 accedió a venderle un cuarto de hectárea, por un año de su trabajo como jornalero.
Cuenta Santos que el día que recibió el lote, el 7 de julio del 2006, el lugar era un peladero. Solo había maleza y nada de sombra. Entonces lo primero que hizo fue sembrar tres “palos”, como le llama a sus árboles frutales, una palma, un palo de mango uno de limón.

Según cuenta Santos,

“La esposa se ocupa de las gallinas, la cocina y lavar y yo me ocupo donde me busquen a trabajar un día, dos o tres días a la semana como jornalero y me pagan a 30.000 pesos el día”.

Aunque no es mucho dinero, dice que gracias a este pequeño bosque a él y su familia nunca les ha faltado nada incluso cuando el último fenómeno del niño le cambió la vida a sus vecinos, en su mayoría ganaderos, a quienes se les secaron los potreros y tuvieron que vender sus vacas por falta de alimento.

Sin embargo, a pesar de su pequeño bosque, con la prolongación de este fenómeno en algunas regiones del país el acueducto que abastece la vereda de Yaví se quedó sin agua por todo el mes de agosto, del año pasado, y para que no se le murieran sus adorados palos Santos y su hijo Santos Duván tuvieron que cavar un hueco en la boca de la quebrada Damas, e ir todos los días en burro para llenar dos tumbos de agua.

Y es que el bosque seco tropical en esta zona, como en todo el país, se encuentra gravemente deteriorado, factor que empeora las consecuencias de la sequía. Según el Instituto Alexander Von Humboldt, socios del Proyecto, originalmente este ecosistema cubría 9 millones de hectáreas de las cuales hoy solo queda un 8%, y el 65% de esas tierras se encuentra en estado de desertificación.

Iniciativas para proteger este ecosistema como el Proyecto “Uso sostenible y conservación del bosque seco”, implementado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y financiado por el Fondo para el Medio Ambiente, llaman al Bosque seco tropical, el Bosque de los mil colores con el fin de borrar del imaginario de la gente la característica de sequía que presenta este ecosistema en verano y reemplazarlo por aquel que presenta cuando las lluvias hacen reverdecer sus árboles en distintos colores.

El objetivo del Proyecto es promover el uso sostenible y conservación de la biodiversidad en el bosque de los mil colores en seis áreas seleccionadas de la Región Caribe y en el Valle Interandino del río Magdalena. La meta es reducir la tendencia actual de procesos de deforestación y desertificación de bosques secos y asegurar el flujo de servicios ecosistémicos. En total el proyecto contribuirá a la conservación y uso sostenible de hasta 27.936,23 hectáreas.

Gracias al buen ejemplo de Santos, Santos junior, con tan solo dieciséis años, está seguro de que quiere estudiar ingeniería ambiental cuando terminé el bachillerato. Según él siempre ha sido un niño despierto o “cansón en el buen sentido de la palabra”, cualidad que lo ha llevado a participar en al menos veinte talleres ambientales, entre ellos varios sobre el Bosque seco tropical, en el marco del Proyecto.

Según cuenta,

“Con este proyecto aprendí que queda muy poco de este ecosistema y que debemos cuidarlo no solo para ayudar el medio ambiente sino para ayudarnos a nosotros mismos como lo ha hecho papi”

En estos tiempo de verano, no solo Santos hijo reconoce la importancia de no talar el bosque, también lo hace la comunidad entera de las veredas de Pocharco y Yaví, quienes al pasar por la casa de los Santos del Bosque seco, se detienen a admirarlo y a disfrutar de la sombra de sus adorados palos.

“Yo le regalo a mis vecinos cuando pasan un manguito una mandarina y les digo que se puede convivir con el bosque, tanto nosotros como las vacas porque ellas también necesitan la sombra y las frutas, más ahora en estos tiempos de verano”.

By | 2018-01-18T02:52:52+00:00 Enero 18th, 2018|Historias que conectan|0 Comments

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